Publicado el 31/07/2025 por Administrador
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Francia ha abierto una nueva grieta en el debate ambiental europeo tras la aprobación de la polémica Ley Duplomb, una normativa que permite nuevamente el uso del insecticida acetamiprid en el campo francés. Este compuesto, miembro de la familia de los neonicotinoides, ha sido señalado por múltiples estudios científicos como altamente perjudicial para las abejas y otros polinizadores esenciales para el equilibrio ecológico.
El acetamiprid había sido prohibido en Francia desde 2018, pese a que su uso aún está autorizado a nivel europeo. Sin embargo, bajo el argumento de "igualdad de condiciones" con respecto a otros países del continente, la nueva ley busca dar a los agricultores franceses acceso a herramientas fitosanitarias que aseguran “competitividad y producción”.
El regreso de esta sustancia química ha generado una respuesta sin precedentes. En solo 48 horas, una joven estudiante de posgrado lanzó una petición digital que rápidamente superó las 500.000 firmas, umbral que activa el debate parlamentario obligatorio. Hoy, la cifra ya supera los dos millones, convirtiéndose en la petición ciudadana más respaldada en la historia reciente de Francia.
Organizaciones ecologistas, apicultores, médicos y científicos han alzado la voz en contra. Aseguran que la decisión pone en riesgo la biodiversidad, ya fuertemente afectada por décadas de prácticas agrícolas intensivas. También advierten sobre potenciales riesgos para la salud humana, especialmente en el desarrollo neurológico infantil y en el aumento de enfermedades crónicas asociadas a la exposición prolongada a pesticidas.
El gremio apícola ha sido uno de los más contundentes en su rechazo. Denuncian que, mientras se promueve en teoría la protección de los polinizadores, en la práctica se están aprobando sustancias que ya han sido relacionadas con el colapso de colonias y el deterioro de ecosistemas agrícolas.
A pesar del aluvión de críticas, defensores de la ley —incluyendo representantes del sector agrícola— sostienen que el acetamiprid es una herramienta indispensable para proteger cultivos como la remolacha, el kiwi o la avellana, amenazados por plagas difíciles de controlar. Argumentan además que Francia no puede permitir que sus agricultores compitan en desventaja frente a países donde estas sustancias aún se usan legalmente.
El gobierno del presidente Emmanuel Macron ha intentado calmar las aguas señalando que está dispuesto a escuchar el clamor ciudadano. No obstante, la medida ha dejado expuestas las tensiones entre los compromisos medioambientales del país y las presiones económicas del sector agrícola.
El Consejo Constitucional francés deberá ahora pronunciarse sobre la legalidad del texto el próximo 7 de agosto. Su fallo podría frenar o dar luz verde definitiva a una legislación que ya ha provocado uno de los mayores movimientos de rechazo popular del último lustro.
El caso francés pone sobre la mesa un dilema que no solo es nacional: ¿puede Europa seguir avanzando en su agenda ecológica mientras permite excepciones a favor de la competitividad? La lucha entre producción y protección ambiental vuelve a enfrentar a dos visiones de futuro. Y en el centro del debate, zumbando silenciosamente, las abejas.