Sara Duterte, hija del mandatario filipino, afianza su perfil presidenciable

Sara Duterte, hija del mandatario Rodrigo Duterte, ha cobrado un inusitado protagonismo en las elecciones, en las que ha sido reelegida como alcaldesa y afianzado su perfil presidenciable para el 2021. EFE/Archivo

Manila, 14 may (EFE).- Vista como la primera dama de facto de Filipinas, Sara Duterte, hija del mandatario Rodrigo Duterte, ha cobrado un inusitado protagonismo en las elecciones, en las que ha sido reelegida como alcaldesa y afianzado su perfil presidenciable para el 2021.

Según el recuento de más del 99 por ciento del voto publicado hoy, Sara Duterte ganó más de 579.000 votos frente a los 4.255 de su rival, Magdaleno Marcellones, un independiente con pocas posibilidades en la consulta celebrada el lunes.

Aunque rechazó postularse como senadora, puesto político muy influyente en Filipinas, la política ha destacado en la campaña de los comicios locales y legislativos que han tenido lugar de manera conjunta a mitad del mandato presidencial de su padre.

Durante la campaña, Sara, de 40 años, lideró Hugpong ng Pagbabago (HP), una coalición de partidos regionales de nueva creación que avaló varios candidatos al Senado que han jurado lealtad a su padre y prometido impulsar su agenda legislativa en los tres años que le quedan al frente del país.

«Se está testando y promoviendo a Sara Duterte como figura política a nivel nacional», apuntó a Efe el analista Ramon Casiple, director del Instituto para la Reforma Política y Electoral.

Según Casiple, Sara ha demostrado tener «su propia personalidad», más allá de la poderosa sombra de su progenitor, al que podría suceder al frente de Filipinas después de haber seguido su estela como regidora de Davao, ciudad que Rodrigo Duterte gobernó de manera intermitente entre 1988 y 2016.

Frente a las salidas de tono y comentarios polémicos del presidente, Sara se ha alzado como la voz de la sensatez de la familia e incluso ha reprendido públicamente a su padre cuando éste ha acaparado titulares por insultar a rivales o por sus ya célebres declaraciones sexistas.

Lo cierto es que al frente del consistorio de Davao, Sara ha impulsado una agenda de corte progresista, en particular en asuntos relacionados con la infancia y los derechos de la mujer, lo que le ha granjeado el apoyo de ONG locales.

En los tres meses que ha durado la campaña, Sara ha recorrido el archipiélago filipino de punta a punta junto a los candidatos de HP, que buscaron su aval, a pesar de que la mayoría gozaba de mayor experiencia en la arena política que ella, y a los que robó el protagonismo en mítines y actos electorales.

«Los aspirantes se aglutinan en torno a ella por su linaje político, pero también por sus propios méritos», indicó Casiple.

Los carteles con su foto han sido el doble de grandes que los de los candidatos que promovía y los simpatizantes de Hugpong ng Pagbabago, que provienen fundamentalmente de las clases populares, dedicaron sus mayores vítores y ovaciones a la alcaldesa de Davao, tercera ciudad en importancia de Filipinas.

Sara Duterte también ha elevado su proyección internacional en el último año, acompañando a su padre en sus viajes a Oriente Medio o China, convertida en una especie de primera dama después de que fuera anulado el matrimonio que unió a sus padres.

«Ahora es Inday (apodo familiar de Sara) quien lleva las riendas de las decisiones políticas en la familia», aseveró el mandatario en un discurso público el pasado febrero.

No es la primera vez que Rodrigo Duterte, de 74 años, posiciona a su hija como posible aspirante a la carrera presidencial. «No encuentro a ningún candidato mejor que Sara para ser la próxima presidenta del país», ya apuntó al respecto por primera vez en 2017.

«No me sorprendería si se convierte en la próxima presidenta. Tiene el carácter de su padre. Es competente, lista y valiente», señaló hace poco Salvador Panelo, portavoz, asesor legal y amigo personal del mandatario.

Para los críticos del dirigente, la candidatura de su hija es la mejor garantía para preservar su legado y protegerse de vendettas políticas, ya que casi todos los exmandatarios filipinos han pisado los tribunales tras dejar el cargo o incluso la cárcel.

También blindaría a Rodrigo Duterte ante la Corte Penal Internacional, que ha abierto un examen preliminar sobre los abusos de la guerra contra las drogas que podría derivar en un proceso contra él por crímenes de lesa humanidad.

Aunque Sara ha negado varias veces sus intenciones de ocupar el sillón presidencial, la última vez que se le preguntó al respecto durante la campaña dejó la puerta abierta a esa posibilidad y señaló que tomaría una decisión en 2021.

«Preferiría que no se hablara de mí como presidenta desde ya, eso me colocaría la primera en la lista de personas a las que odiar. Preguntadme de nuevo en 2021», invitó a los medios en abril.

Sara Gómez Armas